lunes, 8 de febrero de 2010

Migas de pan



"Decía una vieja maestra que uno luchaba entre la ética y la estética. Un viejo escritor explicaba que las obsesiones son siempre las mismas y que uno escribe y habla casi siempre de las mismas cosas, porque las preocupaciones humanas giran en torno a algunos temas fundamentales que no son muchos: la muerte, el amor, el paso del tiempo, la soledad, la lucha por la subsistencia.
Para ser optimistas hay que quitar la mente y mirar con algo mucho más profundo que la mente. Y alejarse de los condicionamientos del tiempo, que impone no tanto el tiempo en sí, sino la conciencia de su transcurrir.
A la hora de recapitular, observo que no son grandes cosas las que nos hacen felices: la mirada del ser amado, una caricia, el gato caminando al borde de la luna, el sonido del agua, la risa de un niño.
En ese sentido la pobreza muchas veces no es económica sino espiritual. E intuyo que la felicidad se encuentra en los pequeños detalles y también que la sensibilidad para percibir esos pequeños detalles se cultiva.
Lo que nos trasmiten nuestros padres y lo que nosotros les trasmitimos a nuestros hijos, es esa sensibilidad, y las formas y estrategias que utilizamos para preservar esa sensibilidad de los estragos del mundo real y de las noticias materialistas.
Porque, qué sentido tiene la vida si no es por eso que sentimos a veces y que abre nuestro corazón como se abre la tierra seca cuando viene la lluvia después de largos meses de sequía.
El viejo se sentaba a recitar antiguos poemas que sabía de memoria de la época en que las metáforas se decían con solemnidad, pero el viejo era feliz diciendo las palabras que hablaban de la mujer del rio, del paisano al que le remataban las pilchas, de una antigua historia de héroes desdichados que se reencontraban después de andar largos caminos. Ninguno de los hijos lo escuchaba del todo y creían que el viejo estaba loco, pero cuando pasó el tiempo y el viejo murió y ya nada quedó de él, el sonido de aquella voz llega despacito, y no hay moneda que pueda pagarlo, ni cheque que pueda comprar ese sonido que viene empujado por el viento de la nostalgia y que da alegría a los corazones de los hijos que ya están maduros y conscientes de lo esencial. L o esencial es eso que el idiota ve como migajas de la vida, pero que el sabio toma de la mesa y se las guarda en el bolsillo. Cuando está triste saca una migaja y se alimenta de eso chiquito, pequeño gesto, pequeña canción, pequeña vida que da sentido al universo. Entonces mira el atardecer, ve ponerse el sol rojo y piensa que la vida es eso, migajas esenciales trasladadas de unos a otros.
No son muchas las obsesiones ni el temario, ni tampoco tantas las cosas que pueden hacernos felices. Nos educamos para mirar el pan y no las migas, pero ellas caen sobre el mantel desnudo del tiempo, ellas caen y están allí, abandonadas en la memoria. Basta tomar una o dos, y la alegría vuelve al corazón y el fuego se enciende. Afuera están las luces, los automóviles, los telefonitos de colores. Aquí en el corazón, lo chiquito y humano, aquello que le da sentido a todo lo que gira alrededor nuestro.
Es cierto que no somos el centro de nada, pero hay un centro que es el centro de nuestro equilibrio y que es esa alegría, esa llama, esa pequeña luz anidada en el corazón. "




Texto: Pablo Solís, Uritôrkidas blogggg
Fotografía y dibujo: Laratllablava

4 comentarios:

tanguito dijo...

Precioso texto,una joya.

Pedro Jose Madrigal Reyes dijo...

Muy interesante entrada, y es una realidad de que existen unos pocos temas que reducen la verdaderas preocupaciones de un ser humano, y casi todos tenemos las mismas…
En cuanto a la pobreza, y la felicidad sólo agregaría el proverbio:
“no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita…”

Raquel Sigüenza Martín dijo...

Interesante y sensible. Gracias por compartirlo. Me gusta tu blog, invita a reflexionar...

onatge dijo...

Qui no té espurnes de vida viurà sempre a les fosques... Qui no estima no viurà mai... Aquest text em dóna per reflexionar molt i arribar fins la ratlla blava... Tornaré.

Des del far bona nit.
onatge